Trabajamos con pescado crudo, así que la frescura no es un detalle: es el negocio entero. Estas son las tres cosas que miramos.
El color y el brillo
Un salmón fresco tiene un naranja parejo y húmedo, con las vetas blancas bien definidas. Si el color se ve opaco o las vetas están borrosas, ya pasó demasiado tiempo.
La firmeza
Se aprieta con el dedo y vuelve. Si queda la marca hundida, no lo llevamos.
El olor
Tiene que oler a mar, no a pescado. Suena a frase hecha, pero cualquiera que haya entrado a un terminal a las seis de la mañana entiende la diferencia al tiro.